Hay una forma de hacerse pajas que no practico desde que era un adolescente y que es bastante clásica: Meneársela mientras se está mirando una revista.
Como digo, era la forma en que lo hacía al poco de descubrir la masturbación, con 13 o 14 años. Me encerraba en el cuarto de baño (que era el único sitio donde podía estar solo sin nadie de la familia rondando) y me llevaba una revista donde salieran mujeres desnudas, como la Interviú. A continuación me masturbaba mientras me excitaba viendo aquellas fotos.
El otro día hice algo parecido. Me dejaron en el buzón un catálogo de un hipermercado con los productos típicos del verano que ya va a comenzar, y entre ellos había trajes de baño. En las fotos aparecían modelos llevando bikinis y bañadores, marcando curvas y entonces, no se por qué, se me ocurrió lo de hacerme una paja "a la vieja usanza".
Me metí en el baño con el catálogo y me bajé los pantalones y los calzoncillos. Me senté en la taza del W.C. y coloqué la revista encima de mis piernas, abierta por la sección de los bañadores.
Empecé a recorrer con la vista y la imaginación aquellas curvas, pechos, cintura, caderas, muslos apretados; y el hueco que queda entre ellos, intentado vislumbrar un pezón o un labio transparentado a través de la tela.
Mientras lo hacía mi imaginaba a mi mismo con aquellas chicas, solos en una playa, quitándole ese bañador o bikini concreto, y al mismo tiempo mi mano derecha meneaba lentamente arriba y abajo mi pene erecto. En mi fantasía la chica salía de bañarse en el mar, con el bañador o bikini mojados y chorreando agua, y se dirigía hacía mi.
Le quitaba el traje de baño. Si era un bañador, le apartaba los tirantes a los lados y tiraba del bañador hacía abajo, que como estaba mojado se pegaba a su piel, hasta que se lo sacaba completamente. Si era un bikini, metía mis manos debajo del sujetador de la parte de arriba y apretaba sus pechos con mis manos, y ella se lo desataba y lo quitaba.
Después de retirar su exigua ropa, me quitaba la mía muy rápidamente y así desnudos follábamos en la arena mientras el sol calentaba nuestros cuerpos.
Mientras imaginaba esto, seguía pajeándome con la mano, de la forma habitual, acelerando el ritmo progresivamente, y ajustando lo que pasaba en la fantasía al tiempo que me quedaba para correrme. Finalmente llegué al orgasmo. Dejé caer la revista al suelo y me incorporé, apuntando con la mano mi polla hacia delante, poniéndola en horizontal para que todo el semen fuera a parar a un trozo de papel higiénico que sostenía delante con la otra mano.
No estuvo mal, recordando viejos tiempos.
P.D. Se que follar en la playa tiene sus molestias (la arena) pero como se trataba de una fantasía en ella todo era perfecto :-)
viernes, junio 15, 2007
viernes, mayo 25, 2007
Bricolaje sexual
He encontrado esto navegando por esos mundos:
http://www.bricolajesexual.net/
Citando lo que dice en la portada:
Es en Barcelona y orientado a mujeres. Si soy las dos cosas, podéis ir y nos contáis vuestras creaciones :-)
http://www.bricolajesexual.net/
Citando lo que dice en la portada:
El proyecto Bricolaje sexual gira alrededor de tres ejes:
las manualidades como forma contemporanea y contundente de expresión y de creación; las nuevas tecnologías y el acercamiento sin miedo al mundo electrónico y la sexualidad femenina, el secreto mejor guardado de la mujer vestida.
El proyecto consiste en la realización de talleres para la creación de jueguetes sexuales personalizados, desde el hackeo de tecnología domestica, y hasta la fabricación de objetos con materiales, pasando por la construcción de moldes y el trabajo con silicona y elementos decorativos y placenteros.
Es en Barcelona y orientado a mujeres. Si soy las dos cosas, podéis ir y nos contáis vuestras creaciones :-)
sábado, mayo 12, 2007
Encontrando el punto G
Este vídeo lleva unos días circulando de blog en blog, y dada la temática del mío no podía dejar de ponerlo.
Para ellos y para ellas: Vídeo que explica cómo encontrar el esquivo y casi mítico punto G. Está en inglés, pero para quien no sepa las imágenes son suficientemente explicativas:
Locating the G-Spot
¡Venga, ya estáis tardando en poner en práctica lo aprendido!...
Para ellos y para ellas: Vídeo que explica cómo encontrar el esquivo y casi mítico punto G. Está en inglés, pero para quien no sepa las imágenes son suficientemente explicativas:
Locating the G-Spot
¡Venga, ya estáis tardando en poner en práctica lo aprendido!...
sábado, mayo 05, 2007
Nuevo experimento onanista
Estaba la otra noche en la cama intentando dormir con un calentón del 15 cuando decidí ponerle remedio de la forma que da título a este blog. En lugar de hacerlo de la manera acostumbrada decidí probar algo nuevo que había leído en algún sitio.
Cogí una toalla del baño, la extendí, y puse en ella un condón. La enrollé alrededor de este y le añadí lubricante. El resultado era previsible, al haber tanta zona de roce alrededor de la polla al meterla el placer es inmenso. Cuando me disponía a meterla me di cuenta de que había apretado mucho la toalla y no me entraba bien, y tampoco quería hacer fuerza para no romper el condón antes de haber disfrutado un poco. Así que desenrollé la toalla y volví a enrollarla un poco más floja. Volvía a intenar meterla pero al hacerlo la vez anterior el condón se había arrugado y ya no entraba con facilidad. Le eché más lubricante (aceite) entonces al fin pude meter y sacar la polla de manera fluída.
Me acosté encima de la toalla enrollada y las primeras penetraciones fueron increíbles, creo que la sensación era muy muy parecida a la de una vagina real (hace tanto tiempo de la última vez que casi lo he olvidado) y disfruté muchísimo, tanto que tuve que parar porque iba a correrme enseguida. Aproveché para cambiar de posición, porque me había colocado demasiado arriba de la cama y tenía que doblarme de una forma incómoda para no darme con la cabecera de la cama. Después de eso, tras unos instantes de "enfriamiento" volví a la carga. Empecé de nuevo a hacer penetraciones, pero noté que la sensación no era la misma que al principio. Seguramente al mover el rollo de toalla para colocarlo mejor se debió aflojar y aunque seguía siendo agradable ya no era igual. Probé a arreglarlo cambiando de posición la toalla, poniéndola más recta o más curba, más apretada o más floja, pero no conseguí recuperar la sensación inicial. Desistí, y continué, porque como decía seguía siendo muy placentero, y metí mi polla entre aquella tela que la rodeaban y se abrían en cada movimiento, lentos al principio, y dando luego embestidas cada vez más fuertes y rápidas. Por dos veces noté cómo se acercaba el final y me detuve momentaneamente para alargar más el momento, hasta que a la tercera aceleré el ritmo y la respiración, y me dejé llevar hasta un intenso orgasmo cuya ola de placer me recorrió la columna de arriba abajo mientras jadeaba y me quedaba casi sin respiración.
Muy buena experiencia, si sigo sin pareja próximamente lo repetiré, sin ninguna duda. El único inconveniente es que hay que perder unos minutos en prepararlo todo y luego recogerlo (condón, toalla, aceite).
Cogí una toalla del baño, la extendí, y puse en ella un condón. La enrollé alrededor de este y le añadí lubricante. El resultado era previsible, al haber tanta zona de roce alrededor de la polla al meterla el placer es inmenso. Cuando me disponía a meterla me di cuenta de que había apretado mucho la toalla y no me entraba bien, y tampoco quería hacer fuerza para no romper el condón antes de haber disfrutado un poco. Así que desenrollé la toalla y volví a enrollarla un poco más floja. Volvía a intenar meterla pero al hacerlo la vez anterior el condón se había arrugado y ya no entraba con facilidad. Le eché más lubricante (aceite) entonces al fin pude meter y sacar la polla de manera fluída.
Me acosté encima de la toalla enrollada y las primeras penetraciones fueron increíbles, creo que la sensación era muy muy parecida a la de una vagina real (hace tanto tiempo de la última vez que casi lo he olvidado) y disfruté muchísimo, tanto que tuve que parar porque iba a correrme enseguida. Aproveché para cambiar de posición, porque me había colocado demasiado arriba de la cama y tenía que doblarme de una forma incómoda para no darme con la cabecera de la cama. Después de eso, tras unos instantes de "enfriamiento" volví a la carga. Empecé de nuevo a hacer penetraciones, pero noté que la sensación no era la misma que al principio. Seguramente al mover el rollo de toalla para colocarlo mejor se debió aflojar y aunque seguía siendo agradable ya no era igual. Probé a arreglarlo cambiando de posición la toalla, poniéndola más recta o más curba, más apretada o más floja, pero no conseguí recuperar la sensación inicial. Desistí, y continué, porque como decía seguía siendo muy placentero, y metí mi polla entre aquella tela que la rodeaban y se abrían en cada movimiento, lentos al principio, y dando luego embestidas cada vez más fuertes y rápidas. Por dos veces noté cómo se acercaba el final y me detuve momentaneamente para alargar más el momento, hasta que a la tercera aceleré el ritmo y la respiración, y me dejé llevar hasta un intenso orgasmo cuya ola de placer me recorrió la columna de arriba abajo mientras jadeaba y me quedaba casi sin respiración.
Muy buena experiencia, si sigo sin pareja próximamente lo repetiré, sin ninguna duda. El único inconveniente es que hay que perder unos minutos en prepararlo todo y luego recogerlo (condón, toalla, aceite).
martes, abril 24, 2007
Ya llega la caló
De repente ha empezado el verano, o casi, porque seguro que sale algún día de frío o de lluvias antes de que llegue junio, pero los efectos ya se empiezan a notar.
Para nosotros, los tios-que-siempre-pensamos-en-lo-mismo, lo más destacable es que las chicas empiezan a llevar ropa que deja ver más carne, y que hacen que nuestra libidinosa imaginación vuele más que nunca. En este destape estival parace como si las interesadas se pusieran todas de acuerdo, porque en el plazo de unos pocos días todas pasan de llevar chaquetas y blusas de manga larga a ponerse camisetas de tirantes que dejan hombros y escotes a la luz del sol y de nuestras ansiosas miradas.
Además, lo que percibimos evoluciona con los meses del verano. Los primeros días es inevitable fijarse en los volúmenes mamarios, su forma de moverse y su textura y color, que es blanquecino después de estar guardados todo el invierno. Según pasan las semanas toda esa parte (brazos, hombros, escotazo) van adoptando otro color más tostado según les da el sol y van haciéndose menos visibles. Siguen estando ahí, pero uno ya se acostumbra. Por último, cuando ya llega septiembre u octubre, siendo conscientes de que queda poco para que vuelva a ocultarse bajo ropa de abrigo, volvemos a fijarnos y ser conscientes de tal maravilla de la naturaleza.
Lo curioso (al menos en mi caso) es que las fantasías calenturientas que provocan, o lo son en el momento de verlo, o luego ya no se recuerdan, salvo alguan excepción. Por ejemplo, se que hoy he visto por la calle a varias individuas a las que he mirado con disimulo y con una mano bajo la barbilla para no babear, pero ahora mismo no puedo acordarme de ninguna de ellas individualmente, el recuerdo ha quedado diluido entre el conjunto de cuerpos con los que me encuentro cada día.
Dicen también que el calor despierta la líbido (de ellos y de ellas) y hace que todos (y todas) busquen con más empeño el contacto con la otra (o el otro). Se supone que es porque al aumentar la cantidad de horas de luz se activa no-se-qué hormona (o similar) que es la que nos provoca las ganas de reproducirnos. Yo en mi caso no he notado nada... todavía, de momento sigo igual de salido que el resto del año, pero seguro que los efectos no tardarán en llegar, siempre lo hacen :-)
Para nosotros, los tios-que-siempre-pensamos-en-lo-mismo, lo más destacable es que las chicas empiezan a llevar ropa que deja ver más carne, y que hacen que nuestra libidinosa imaginación vuele más que nunca. En este destape estival parace como si las interesadas se pusieran todas de acuerdo, porque en el plazo de unos pocos días todas pasan de llevar chaquetas y blusas de manga larga a ponerse camisetas de tirantes que dejan hombros y escotes a la luz del sol y de nuestras ansiosas miradas.
Además, lo que percibimos evoluciona con los meses del verano. Los primeros días es inevitable fijarse en los volúmenes mamarios, su forma de moverse y su textura y color, que es blanquecino después de estar guardados todo el invierno. Según pasan las semanas toda esa parte (brazos, hombros, escotazo) van adoptando otro color más tostado según les da el sol y van haciéndose menos visibles. Siguen estando ahí, pero uno ya se acostumbra. Por último, cuando ya llega septiembre u octubre, siendo conscientes de que queda poco para que vuelva a ocultarse bajo ropa de abrigo, volvemos a fijarnos y ser conscientes de tal maravilla de la naturaleza.
Lo curioso (al menos en mi caso) es que las fantasías calenturientas que provocan, o lo son en el momento de verlo, o luego ya no se recuerdan, salvo alguan excepción. Por ejemplo, se que hoy he visto por la calle a varias individuas a las que he mirado con disimulo y con una mano bajo la barbilla para no babear, pero ahora mismo no puedo acordarme de ninguna de ellas individualmente, el recuerdo ha quedado diluido entre el conjunto de cuerpos con los que me encuentro cada día.
Dicen también que el calor despierta la líbido (de ellos y de ellas) y hace que todos (y todas) busquen con más empeño el contacto con la otra (o el otro). Se supone que es porque al aumentar la cantidad de horas de luz se activa no-se-qué hormona (o similar) que es la que nos provoca las ganas de reproducirnos. Yo en mi caso no he notado nada... todavía, de momento sigo igual de salido que el resto del año, pero seguro que los efectos no tardarán en llegar, siempre lo hacen :-)
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