viernes, septiembre 21, 2007

A la hora de la siesta

No suelo echar siesta porque no tengo costumbre, pero he dormido mal y el día en el trabajo ha sido agotador. Entro en mi habitación, bajo la persiana y me tumbo en la cama con la ropa puesta (excepto los zapatos, claro).

No llego a dormirme, pero la temperatura y la poca luz que se filtra por las rendijas de la persiana hacen que mi imaginación comience a re-crear la situación para convertirla en otra más deseable. Me imagino en esa misma habitación y en esa misma cama acompañado por una rolliza moza rubia, de carnes apretadas y pechos generosos, sentada a horcajadas sobre mi polla erecta. Se balancea hacia adelante y hacia atrás, sus pechos se bambolean, y la luz que se filtra por la persiana hace que su piel parezca tener un extraño y luminoso moteado que cambia con cada movimiento.

Mientras imagino esto, me tumbo de lado, de espaldas a la puerta de la habitación por si entra alguien, y me acaricio la polla por encima del pantalón. A medida que lo hago y que avanza mi fantasía, mi polla se va poniendo más y más dura hasta alcanzar su máximo esplendor. Entonces me desabrocho el pantalón y meto la mano para seguir el masaje directamente piel con piel. La excitación crece, y afortunadamente tengo a mano el bote de champú que uso como vagina artificial casera. Lo saco del cajón donde lo tengo, y lo meto dentro del pantalón. No lo he lubricado, y me cuesta meter toda la polla, asi que cuando lo hago no comienzo a hacer el movimiento de mete-saca, sino que la dejo ahí metida. Mi fantasía prosigue y aumenta mi excitación, parece que de mi polla brota ese liquidillo viscoso que humedece un poco las paredes del bote y lo lubrican ligeramente. Comienzo a moverme pero muy poco, por no hacer ruido con la cama (hay más gente en casa y no quiero que lo oigan) y porque no desliza lo suficiente como para hacer movimientos más largos. Los movimientos siguen siendo cortos, pero cada vez más rápidos y el placer es enorme. Mis pantalones siguen puestos, con el bote dentro, y sigo echado de mediolado dando la espalda a la puerta de la habitación. Noto como se acerca el momento final, y acelero el ritmo un poco más. El orgasmo es brutal, muy intenso, y aunque no puedo verlo me da la sensación de que al correrme suelto grandes chorros de semen dentro del bote. Después de varias sacudidas, va desapareciendo la maravillosa sensación del orgasmo y empiezo a recuperar el aliento.

En ese momento, se abre la puerta de la habitación y entra mi madre a decirme no-se-qué tontería. Sigo echado de lado con el bote dentro del pantalón, con mi semen en él. Por eso no puede ver nada de lo que acabo de hacer, le contesto cualquier cosa y se va, y entonces me desabrocho para sacar el bote sin que se derrame el esperma y limpiarme la polla con un pañuelo de papel.

Ha estado cerca, pero valió la pena.

2 comentarios:

jose dijo...

siempre que leo tus pajas se me pone dura la polla y no me queda mas que ir a jalármela

Anónimo dijo...

A mí me pasa lo mismo... no sé cómo lo haces. Sigue así.